Desnudo integral terapéutico

A lo largo de mi vida he ido adoptando muchos disfraces, unos heredados, otros regalados, otros comprados a alto precio y otros en oferta. Algunos estaban hechos a medida,  unos grandes y otros pequeños. Algunos de una estética increíble y otros feos como …. demonios?, Estos, los demonios, a veces también tienen su encanto, no te creas, jeje-

Volviendo a los disfraces, pues eso, que los he tenido de colores, estampados, a la moda, nuevos, viejos, algunos seguro todavía  por estrenar, claro, aún me queda vida para seguirme disfrazando; muchos, muchos disfraces y a pesar de que algunos me gustaban más que otros, tengo que reconocer que todos en algún momento me fueron necesarios y útiles.

Alguna vez durante algún tiempo me encariñé con alguno y me lo dejé puesto más de lo necesario y claro, entonces  otros encajaban mal y estaba incómoda, sin embargo otras veces el hecho de dejármelo puesto me ayudó  a no necesitar de nada más, esas fueron  épocas de serenidad y equilibrio.

Una temporada tuve puesto el de niña prodigio que luego se convertiría en el de inteligente y más tarde en el de luchadora que es el que más he llevado puesto, de hecho conseguí entre los más allegados que me llamaran “Pura la fuerte”, lo he llevado tanto tiempo puesto que llegué a creérmelo y eso hacía, que no pidiese ayuda, que cargara con todo, con lo mío y con lo de los demás, que por otro lado habían decidido que ya que yo era tan fuerte tenía la obligación de hacerlo, tanto, que cuando no lo hacía se enfadaban y entonces me ponía el disfraz de víctima, y ahí andaba un rato largo perdida entre uno y otro.

Para salir de ahí me ponía el de Erizo ese escondía la víctima y potenciaba a la fuerte llegué a pensar que esas púas eran prolongaciones de mi piel, como si fuesen los vellos de mi cuerpo.  No se me acercaban demasiado con lo cual aunque me abrazaran poco, no  me hacían daño.  Estos disfraces no recuerdo si los heredé, me los regalaron o los compré, pero no creas que me molan mucho, aún así  los uso de vez en cuando, pero rara vez.

Ha habido muchos, el de esposa,  también ese fue durante mucho tiempo un disfraz bueno, el de novia, de madre, este ¡me encanta!, ¡me encanta!, es uno de mis favoritos, últimamente me lo pongo poco, pero en cuanto veo la ocasión, lo saco y me lo calzo, yyyyyy… me siento tan bien con él, me lo puse muy temprano siendo apenas una joven incipiente y ese fue a totalmente a medida, por encargo, siempre  s me ha sentado como un guante, no importa que pasen los años, que engorde o adelgace,  siempre, siempre, siempre me queda perfecto, aún con la ley de gravedad acosándome suavemente.

También el de hija lo llevado largo tiempo, aunque ese ha sido más de quita y pon, tengo que decir que ahora lo hecho de menos, pues las últimas veces que me lo puse, va ya para cinco años, fue disfrutado y consciente, era precioso, ademas ese era ajustable, se estiraba conforme  que crecía yo, a veces le añoro, también fue a medida.

Junto con los disfraces venían los accesorios, uno era “culpable”, otro el accesorio “perfecta”, “desordenada”, “Hyppie”, “liberal”, “carca”, “Buena”,  “Mala”, “leal”, “psicologa” “sensible”  “divertida” “aburrida”, … y los podías combinar como quisieses (bueno, como quisieses no, porque aunque aún no os lo he dicho, yo en aquel momento no tenía ni idea de que eran disfraces, y que me podía deshacer de ellos a mi antojo), ¡Madre mía!, si llego a saberlo, con lo que me han desagradado algunos, y yo que pensaba que yo era así, ¡Cuánta energía perdida!.

Aunque no, nada es en balde y si  bien es verdad que podría haberlos combinado de otras muchas maneras, (permutaciones de “n” elementos combinados de “n” en “n”, hubo un tiempo en que fui matemática, otro accesorio más), la forma en la que lo he hecho ha sido genial, pues me ha permitido crecer dentro de cada uno de ellos para hoy poder desnudarme cuando quiera, como quiera y donde quiera; porque me gusto, ¡me gusto mucho! ¡me enamoro de mi cada vez que me “veo”! qué no es lo mismo que cada vez que me miro, jajajaj.

No, no soy exagerada, Todo ha sido hecho tan a fuego lento, tan vivido, que como buena cocinera que soy cuando me pongo mi disfraz puedo decirte que está en su punto justo, y… Hoy, echando una mirada al baúl donde los guardo los miro todos con cariño y se que me permito usarlos de vez en cuando, como si me vistiera para la ocasión, porque ahora ya no importa el disfraz que lleve sino lo que saca de mi dicho disfraz.

Ahora yo elijo.

Y Tú? Cúal llevas puesto?

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